En un entorno laboral marcado por la digitalización y el auge del teletrabajo, los eventos corporativos resurgen con fuerza como espacios esenciales para reconectar personas, fortalecer vínculos y proyectar los valores de empresa. Lo que hace apenas unos años se consideraba un añadido ocasional, hoy se ha convertido en una herramienta estratégica al servicio de la cultura organizativa.
Se espera un crecimiento del 4,3% en inversión en el sector este año
Cada vez más compañías apuestan por estos encuentros presenciales para contrarrestar la fragmentación relacional que ha traído consigo el trabajo híbrido. El evento ya no es solo un momento de ocio: es una experiencia con propósito, diseñada para motivar, cohesionar y transformar.
Este giro está avalado por cifras que reflejan el dinamismo del sector. El 76% de las agencias de eventos en España aumentó su facturación el pasado año, con un crecimiento medio del 13%, y las perspectivas para 2025 también son positivas, con una previsión de incremento del 4,3% en inversión. La Asociación de Agencias de Eventos de España (Aevea) apunta que esta industria ya genera 12.000 millones de euros anuales y emplea a más de 87.000 personas, consolidándose como uno de los pilares del marketing experiencial.
Las organizaciones que mejor están sabiendo aprovechar este fenómeno son aquellas que entienden que la clave no reside solo en diseñar actividades divertidas, sino en crear experiencias memorables que ayuden a consolidar la identidad de equipo. Como explica Yolanda Gómez, especialista en eventos corporativos, “la cohesión no se construye en una videollamada. Se construye compartiendo experiencias, saliendo del entorno habitual y conectando desde lo humano”.
Su visión refleja una tendencia creciente: eventos concebidos como catalizadores de transformación, donde se trabajan habilidades como el liderazgo, la comunicación o la gestión del cambio. Gómez advierte que “el mayor error es pensar que basta con una actividad recreativa. El éxito está en encontrar el equilibrio entre disfrute, conexión y propósito”.
Este enfoque cobra aún más sentido en un momento en el que la presencialidad gana terreno. Según datos de Aevea, el 72% de los eventos organizados en 2024 fueron presenciales, frente al 18% híbridos y solo un 10% virtuales. La experiencia compartida, el contacto humano y la emocionalidad del cara a cara siguen siendo claves insustituibles para reforzar el sentimiento de pertenencia.
El sector avanza hacia propuestas cada vez más sofisticadas y alineadas con los valores de las organizaciones. Las actividades tradicionales ceden espacio a formatos más inmersivos y personalizados: desde dinámicas en entornos naturales hasta experiencias culinarias colaborativas o urban tours para equipos internacionales. También crecen las iniciativas con trasfondo social y medioambiental, como talleres solidarios o acciones de recuperación del entorno, que permiten reforzar los vínculos mientras se contribuye al bien común.
La tecnología irrumpe con fuerza en este nuevo paradigma. La realidad virtual se integra en dinámicas de equipo, abriendo la puerta a entornos colaborativos donde la creatividad y la resolución de problemas se ejercitan de forma innovadora. Al mismo tiempo, el bienestar emocional se impone como prioridad en la agenda empresarial: retiros corporativos, mindfulness y desconexión consciente se convierten en pilares de una nueva cultura del cuidado dentro del entorno laboral.
El lugar también importa. Las empresas apuestan por celebrar sus encuentros en escenarios inspiradores que refuercen los valores de marca. Desde centros deportivos de alto rendimiento hasta espacios naturales que invitan a la reflexión, el objetivo es claro: generar experiencias auténticas, con impacto real, que trasciendan lo anecdótico y dejen huella en las personas.