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Opinión NEXOTUR: ‘¿Garantías ante quiebras aéreas?’

lunes 22 de septiembre de 2008, 01:00h

Hierve el transporte aéreo. Todo parece estar en cuestión en las aerolíneas europeas. Tras el anuncio de fusión (¿o será absorción?) de British Airways e Iberia, podría haberse reavivado el proceso de concentración entre aerolíneas. Ahí está el rumor de la entrada en SAS de Lufthansa.

Empezando por lo más reciente, es de destacar el tirón bursátil del Grupo SAS, aupado por la posibilidad de que el grupo aéreo alemán entre en su accionariado. La virtuosa gestión estatal de Suecia, Noruega y Dinamarca (que controlan la mitad de las acciones de SAS) parece hoy cosa del pasado. La gestión del grupo atraviesa por una seria crisis, agravada por la incapacidad para salir de Spanair, que afecta a su equipo directivo.

Una eventual entrada de Lufthansa en SAS (que siempre mostró interés por Spanair) supondría un nuevo reposicionamiento de la compañía alemana, forzado por la anunciada alianza a tres bandas de British, que a su vez es la respuesta al fuerte liderazgo de Air France. El interés de alemanes y nórdicos por el tráfico aéreo en España y sus islas, despejaría el futuro de Spanair.

Cuestión aparte es el culebrón de Alitalia, que lleva camino de convertirse en el guión de una comedia de enredo. Aunque, si Dios no lo remedia, podría llegar a acabar en tragedia romana. Como muestra de tan seria deriva, está la petición al Papa por parte del comisario especial en la aerolínea, Augusto Fantozzi, pidiéndole a Benedicto XVI "una oración especial por Alitalia". Hecho que sólo es superado por la respuesta del Pontífice: "Rezo por vosotros desde hace tiempo". De hecho, a la vista de la situación de la compañía italiana, no es de extrañar que su católica directiva se encomiende al Papa de Roma para que, mediante su intercesión divina, un milagro salve a la compañía ante su muy incierto futuro.

Aunque la primera llave de ese futuro la tengan los sindicatos, puesto que sin acuerdos que garanticen la paz social no habrá inversión privada. De hecho, a los representantes sindicales les corresponde el dudoso honor de que Air France-SAS tirara la toalla en su plan de absorber la aerolínea italiana, ya en quiebra técnica.
Las recientes quiebras de la británica XL Leisure y la española Futura, a las que podrían seguir otras, ratifica la difícil situación que desde hace años atraviesa el segmento chárter y que se une a la crisis en el tráfico regular.

Y la profunda crisis que afecta a las compañías norteamericanas, agravada por los atentados del 11-S, o la compleja situación que vive el transporte aéreo en Iberoamérica (con la polémica renacionalización de Aerolíneas Argentinas y Austral, los bandazos de Aeroméxico y Mexicana de Aviación o la fuerte caída en los resultados de Varig), no invitan precisamente a mirar con optimismo el futuro del aéreo.

Por último, las emergentes compañías de ‘bajo coste’, que hasta ahora parecían vivir ajenas a tales problemas, empiezan a equiparar su antaño livianas estructuras de costes a las aerolíneas tradicionales. Y es previsible que a corto plazo incorporen números rojos a sus balances. Con el fantasma de Air Madrid como antecedente local.

Como vienen adelantando los líderes del Sector desde CEAVyT y FEAAV, la vulnerabilidad de las compañías aéreas (que incluye la amenaza de muerte súbita) ha de llevar a la exigencia de garantías que cubran este riesgo. No sólo en defensa de los intereses de la agencia sino, sobre todo, de un cliente final actualmente desprotegido.

¿Quién iba a decirle al Sector que serían el agente el que pidiera aval a la aerolínea, cuando siempre fue al revés? "Cosas veredes, amigo agente", que diría Don Quijote.

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