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    26 de febrero de 2020

TRIBUNA DE OPINIÓN / AGUSTÍN ALMODÓBAR

Lo inexplicable

El portavoz de Turismo del PP en el Senado, Agustín Almodóbar.
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El portavoz de Turismo del PP en el Senado, Agustín Almodóbar.
No descubro nada si digo que la industria turística es la mejor carta de presentación de España en el mundo. En lo que llevamos de año 2017 hemos recibido a casi 60 millones de turistas internacionales, y todo indica que al finalizar el ejercicio volveremos a batir nuestra propia marca, lo que demuestra y confirma el potencial del Turismo.
Un sector que genera riqueza, puestos de trabajo, elimina barreras y es capaz como pocos de democratizar la vida de nuestros pueblos y ciudades, porque la mezcla de sensibilidades, razas, creencias e ideologías es, en sí misma, la mejor arma para eliminar diferencias y potenciar una convivencia que debería ser emulada en todo el mundo para avanzar juntos hacia el progreso y bienestar comunes.

Porque el progreso tiene mucho que ver con ser acogedor y agradecido con los que nos visitan, factores que también definen a España, consciente de que cada vez más en Turismo surgen nuevos destinos competidores, y sólo desde la profesionalidad, el respeto al medio ambiente, las costumbres y la defensa de nuestra riqueza monumental y paisajística seremos capaces de mantener esa posición de liderazgo que tanto nos aporta y reconforta.

Tampoco descubro nada si digo que el Turismo es el primer sector exportador de España, o que da trabajo directo a más de tres millones de personas y cobertura a miles de empresas y autónomos, o que supone la nada despreciable cifra de 49.000 millones de euros en ingresos en los primeros ocho meses del año.

Y creo que es de justicia reconocer que este sector económico funciona. Y funciona bien gracias a la gran labor realizada por empresarios, trabajadores, autónomos y destinos. Todos ellos los verdaderos artífices del éxito turístico de España.

Llegados a este punto, creo que me puedo permitir la licencia de romper una lanza a favor de mi partido, el Partido Popular, que desde siempre ha apostado fuerte por el Turismo en aquellos organismos en los que ha gobernado y gobierna.

Prueba de ello son las innumerables iniciativas que hemos planteado, debatido y aprobado en el Senado, el Congreso de los Diputados, los parlamentos autonómicos, las diputaciones y los ayuntamientos en favor de mejoras en el sector, obras de importancia para su desarrollo o, más recientemente, conseguir la unidad frente a una oleada de ataques sin sentido ni razón que, por increíble que nos pueda parecer, ponen en duda la bonanza de una actividad que, insisto, es vital para nuestra economía.

Por eso, ante los senadores de España defendí hace unos días la necesidad de proteger el Turismo, potenciarlo, apostar por su dinamización y promocionar la excelente imagen que tenemos en el exterior, sin olvidar lo conveniente que resulta hacer partícipe de esa inquietud al conjunto de la ciudadanía.
La Turismofobia transmite el peor de los mensajes en el peor de los momentos posible

Definir el Turismo como una actividad "depredadora" del territorio y molesta para la población local, es más propio de ignorantes descerebrados que de organizaciones o movimientos preocupados por el futuro de España.

Que las más altas instancias políticas y administrativas de este país se vean forzadas a manifestar su apoyo al Turismo, denota que necesitamos que el sector se desarrolle todavía más para dejar bien sentado que de él depende en buena medida nuestro bienestar presente y futuro.

Porque mantengo la tesis de que el Turismo no es un sector económico en sí, sino un fenómeno económico, social y cultural que engloba a muchísimos sectores y que reparte riqueza más allá de lo que meramente podemos considerar como destino receptor. Por eso extraña sobremanera que sea precisamente en destinos tan reconocidos y archiconocidos por el resto del mundo como Baleares y Cataluña donde surjan esas voces discrepantes, y donde sus gobernantes no sean capaces de transmitir todo lo bueno que reporta esa actividad para todos.

La demagogia y la incompetencia a la hora de gobernar y gestionar el fenómeno turístico, al final genera un problema para todos. Hay que saber gestionar de manera eficiente y saber crear una convivencia sostenible entre residentes y turistas.

Una pintada, un ataque violento directo o una manifestación contra los turistas es tremendamente irresponsable y daña la buena imagen de España de cara al exterior y podría poner en riesgo nuestro potencial turístico y el liderazgo competitivo. Luchar contra el sistema nunca debería traducirse en luchar contra lo que nos da de comer.

Creo que es necesario el compromiso de todos para poder seguir apoyando a nuestros empresarios, apostando por la calidad y la excelencia de nuestro productos turísticos, poniendo en valor la grandísima y riquísima diversidad de nuestra oferta, avanzando en acciones que desestacionalicen nuestros destinos, y buscando nuevas opciones que posibiliten atraer a un nuevo perfil de turista con motivaciones diferentes.

Frente a la sinrazón, debe imponerse la cordura. Frente a los actos violentos, las mayores medidas de seguridad ciudadana. Frente a la Turismofobia, fuertes dosis de Turismofilia, y frente a los disparates a los que hemos tenido que asistir este verano, bienvenidas sentidas a los que nos visitan.
La demagogia y la incompetencia al gestionar el fenómeno turístico, genera un problema para todos

No es momento (nunca lo es) de ponerle puertas al progreso. No es momento (nunca lo será) de demonizar al Turismo, ni de imponer tasas que graven los bolsillos de los que nos visitan, ni de firmar moratorias a la inversión, restricciones a la llegada de turistas o la no concesión de licencias. Porque politizar el Turismo no es bueno.

Tenemos mucho que hacer, grandes desafíos que superar también en Turismo, y no debemos permitir nunca que la intolerancia de unos pocos empañe la imagen de todo un país.

La "Turismofobia" transmite el peor de los mensajes en el peor de los momentos posible. ¿De qué sirven inversiones millonarias, campañas de promoción, edición de videos, viajes promocionales, campañas de sensibilización y tantas y tantas gestiones si lo que sale en los telediarios de medio mundo es que recibimos a los turistas con insultos, agresiones a vehículos, pintadas y pancartas?

¿De qué sirven décadas de trabajo común, fijación de estrategias para penetración en nuevos mercados emisores, creación de centros de formación profesional o creación de servicios mancomunados en zonas estratégicas para captación de Turismo, si lo que transmitimos es que no queremos bien a los que nos visitan?

Este mismo verano, una cadena hotelera de Benidorm organizó una jornada de "Turismofilia", consistente en hacer ver a sus clientes que en España se mima al turista, se le quiere y se le respeta. Flores, abrazos y besos para todos… Yo me sumé a la campaña plenamente convencido de que eso es lo que hay que hacer frente a la sinrazón de los que quieren limitar el número de visitantes, acotar su estancia y hasta prohibir su llegada.

No lo puedo entender. Es inexplicable. Cuando cientos de destinos sueñan con tener el éxito de España, aquí los hay que repudian al Turismo. Va a ser verdad aquello de que ‘Spain is different’.
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